| 28 Junio 2010
Nos arrebataron el sueño. Si se desmenuza la eliminación de México tiene varias aristas, al menos esta noche en el Soccer City de Johannesburgo donde cayó por 3-1 ante la Albiceleste. Va desde el gol ilegítimo de Tévez que abrió la puerta para el triunfo argentino, el oso burdo e infantil de Ricardo Osorio, y el parado táctico de Javier Aguirre, que terminan por dejarnos fuera de la Copa del Mundo.
Decir que México fracasó, no dio el estirón, nos quedamos otra vez en el ya merito, seguimos medianos y la generación dorada podría quedar en cobre, por las pobres exhibiciones que dio, está demás, Argentina ganó porque no supimos ofrecer respuestas claras y nosotros fuimos nuestros propios verdugos desde las decisiones desacertadas del Vasco en todo el torneo.
En principio, el que Aguirre haya puesto al Bofo Bautista en el once titular, que no tuvo regularidad, fue una terrible falla, porque no pesó en el campo y se demostró con su pobre aportación al equipo.
Nos ilusionamos con un franco tiro de Carlos Salcido desde lejos que pegó en el larguero, pero la historia de no anotar goles, se escribe en cada Mundial y ya ni siquiera es noticia, es el pan nuestro de cada día.
Si a la falta de definición que padecemos le agregamos el gol en claro fuera de lugar de Tévez, que no tuvo arrestos el árbitro para anularlo, pues hizo que pronto México se resquebrajara en su estructura mental, aunque no futbolística.
Ir abajo en el marcado pesó en el equipo nacional. Habían tomado la posesión del juego, acomodados con los pases cortos, pero en cada avance argentino se olía ese peligro que tienen los grandes.
Lo más lamentable es que Argentina tuvo la fortuna que un mexicano, Ricardo Osorio, acuchilló a mansalva las esperanzas con un error tan infantil, que es increíble que ese tipo de jugadores tomen parte un representativo que desea crecer, aspecto que no le importó a Higuaín que concretó el 2-0 sin problema alguno.
México mantuvo el control de las acciones, pero sin hacer realmente daño en el ataque. El cuadro nacional terminó la primera parte no vapuleado por el rival, sino por sus propios errores mentales. Incluso hasta un conato de bronca se presentó al final del primer capítulo.
Para la segunda mitad, Aguirre modificó su esquema y dejó en la banca a Bautista por Pablo Barrera, pero ni así se vio claridad al frente mexicano.
La puntilla la dio el propio Tévez con un golazo de media distancia, imposible de detener para el Conejo. El 3-0 dejó moribundo al equipo nacional que tuvo la dignidad de acercarse en el marcador.
Lo más rescatable es que el propio Barrera estuvo a punto de meter el llamado del “honor”, pero su remate fue sacado en la línea de meta con la cabeza por Demichelis.
La vergüenza deportiva mostrada por Javier Hernández, que nunca dejó de luchar, tuvo su respuesta en la única anotación mexicana, cuando restaban casi 20 minutos para el final del partido, que al menos hizo más decorosa la eliminación.
México tuvo en sus manos a Argentina, pero en los minutos finales, no pudo acercarse más, no quedó en dignidad, México peleó del minuto uno al 90, pero simplemente no le alcanzó, deberá esperar otros cuatro años, para volver hacer soñar a los millones de gente que tienen el deseo de algún día el equipo de el gran paso que necesitamos.



